Hola
de nuevo. Las últimas semanas hemos estado trabajando sobre la Ética
desde diferentes puntos de vista. La vimos, al inicio, cómo estaba
planteada en cuanto diferencia de la moral. Vimos ahí cómo se
construían los valores e incluso el valor de la desobediencia.
En
una segunda entrada nos centramos en diferentes conceptos clave como
el de Responsabilidad, Dilema moral, etc. De algún modo se trataba
de abordar problemas específicos que tradicionalmente la Ética ha
trabajado.
Si
pensamos en algo común a los dos momentos es que, sin dudas,
siempre hemos estado trabajando sobre acciones, decisiones y
consecuencias. De estas consecuencias, claramente, debíamos hacernos
cargo a partir de nuestro código moral. De ahí se deduce que los
humanos tenemos un poder, un “poder hacer”, que nos obliga a
hacerlos cargo de su uso.
Por
ejemplo, como vimos, los estadounidenses debieron hacerse cargo de la
decisión que tomaron de lanzar las bombas atómicas en la segunda
guerra mundial. Vimos que justificaron su decisión bajo un código
moral y un modo de comprender ese código. ¿Qué hacemos ante
decisiones que se nos van a plantear a la humanidad en estos próximos
años y que implican un poder humano como nunca antes habíamos
tenido?
Un
poder, una responsabilidad
Nuestro
poder individual suele ser limitado. Nuestras acciones limitadas
suelen tener un impacto muy próximo tanto el espacio como en el
tiempo. Los humanos, como especie, hemos realizado acciones durante
milenios que tenían un impacto muy limitado en el planeta.
Hace
un millón y medio de años dominábamos el fuego, hace diez mil
años, con la revolución neolítica, empezábamos a cultivar plantas
y a domesticar animales. La agricultura era, hasta hace relativamente
poco, un acción sobre el planeta Tierra tan irrelevante como un
mosquito en verano. La domesticación generó diferencias pero sin
alterar significativamente los ecosistemas del planeta.
Nuestro desarrollo científico y técnico – que no se unirán hasta
el siglo XIX – no llegaba a alterar un modo de desarrollo
planetario que tiene en la evolución – tanto geológica como
biológica –unos tiempos muy diferentes de los de una mera vida
humana.
¿Qué
ha cambiado?
Desde
mediados del siglo XIX todo ha cambiado. Incluso, desde mediados del
siglo XX con el desarrollo de la tecnología nuclear, el cambio es de
180°. El modo de desarrollo social ha generado un impacto de tal
magnitud que hoy – tercera década del siglo XXI – ya no es
posible sustraerse a las acciones humanas en un planeta que está
sufriendo ese impacto.
Los
humanos tenemos un poder que sobrepasa cualquier momento histórico y
las acciones de nuestros actos tienen consecuencias en todo el
planeta y se extienden en el tiempo. Ante grandes nuevos poderes se
nos plantean grandes responsabilidades.
Para
pensar el marco de la Bioética nos plantearemos tres dimensiones que
son centrales para comprender donde estamos parados: Medioambiente y
crisis energética, genética e Inteligencia Artificial
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Medioambiente
y Crisis energética. Hemos pasado de arañar la superficie de
la Tierra con simples arados tirados por bueyes a una moderna
tecnología extractiva que afecta los terrenos, la forestación o
los acuíferos de los que disponemos. Para pensar en la magnitud de
la influencia pensemos en el modo en que la frontera de la soja ha
ido avanzando ante el bosque nativo. Pensemos en la rápida
desforestación del Amazonas. El uso de agrotóxicos reduce la
diversidad y ahí, claramente, tenemos un límite.
La pregunta que aparece, necesariamente, es ¿Cuál es el límite que
tiene la Tierra siendo un ecosistema finito? ¿Cuál sería el punto
de no retorno en que ya no se podría “arreglar” lo dañado? ¿De
dónde saldrá la energía necesaria para hacer funcionar un mundo
cada vez más tecnificado? ¿Es posible modificar nuestro modo de
vida? ¿Hacia dónde?
Estas preguntas nos interrogan y nos demandan acciones. Esas acciones
tendrán consecuencias y deberemos abordarlas con la Ética bien
presente.
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Genética.
La Genética es una rama de la Biología que estudia el genoma,
el ADN que nos caracteriza. La Biotecnología ha avanzado mucho en
las últimas décadas y nos ha permitido modificar, alterar o
intervenir en nuestro código genético. Si el ADN nos define como
especie ¿Puede su alteración generar una nueva especie
diferenciada? Cuando se habla de genes responsables de algo ¿no
estamos aventurando la capacidad para alterar conductas, modos de
crecer, ect? Sería bueno en esta instancia recomendar el libro de
Aldous Huxley “Un mundo feliz”. En él, una humanidad distópica
se caracteriza por tener cinco clases diferenciadas de humanos
modificados genéticamente.
Las preguntas que aparecen son de la índole de ¿puedo elegir el
color de los ojos – u otras características - de mis hijos? ¿puedo
clonarme órganos para su venta o uso futuro? ¿se pueden clonar los
seres humanos? ¿puedo usar humanos, con su consentimiento, en
experimentos genéticos?
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Inteligencia
Artificial. A partir de la digitilización de todos los ámbitos
de lo humano y la creciente presencia de algoritmos en la gobernanza
de casi todo (redes sociales, autos, operaciones de Bolsa, etc), la
pregunta por los límites y el uso de la inteligencia artificial
suena con fuerza.
Son muchas las obras de ciencia ficción que plantean esta duda sobre
la autonomía de las máquinas. ¿Cuál sería la principal
diferencia entre las decisiones tomadas por humanos y las tomadas
algorítmicamente? Alguien podría responder que el algoritmo, al fin
y al cabo, lo ha diseñado un humano. Pero entendiendo la capacidad
de la inteligencia artificial de evolucionar a partir de sus propias
“experiencias” ¿qué diferencia a estos dos tipos de agentes?
Probablemente la capacidad de equivocarse y pedir perdón. Lo humano
del error nos da valor. El hecho de que seamos responsables, nos da
valor.
¿Cómo
abordarlo?
Estas
tres dimensiones claramente han generado un cambio en nuestra
responsabilidad. No podemos hacernos los desentendidos. Lo que es más
difícil es pensar qué hacer en concreto. Para pensarlo tal vez es
interesante tener en cuenta estos aspectos:
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Acción y
análisis de sus consecuencias. Analizar consecuencias a gran
escala de nuestras acciones sumadas como humanos nos pude ayudar a
comprender la magnitud del problema. Si yo tiro un papel, no pasa
nada. Mil papeles empiza a ser un inconveniente con el planeta.
Proyectar en cada pequeña acción la dimensión de gran escala que
puede tener, nos puede ayudar a tomar pequeñas acciones efectivas.
Cada vez que no uso gasolina colaboro en una cadena enorme de
acciones humanas, por ejemplo
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Principio
de precaución. Ante la ignorancia de las consecuencias que
puede tener una acción en la suma que la lleva a la gran escala,
conviene ser precavido y no arriesgar. El planeta está comprometido
y no es conveniente sumar presión a ello.
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Futuro.
Darse cuenta que nuestras acciones no sólo son de gran escala
geográfica sino que también lo son en el tiempo. Mis acciones de
hoy tienen impacto en las generaciones venideras. Es clave detenerse
a pensar en ello.
Declaración
Universal de Bioética y Derechos Humanos
En
octubre 2005 se llegó al acuerdo, en el marco de trabajos llevados
adelante por la UNESCO, para aprobar un documento que se piensa en el
sentido que hemos estado exponiendo. La declaración tiene el
imperativo de permitir la vida humana tanto hoy como en el futuro.
Contiene indicaciones para que los Estados miembros puedan legislar
acorde a los principio reseñados en ella.
En
nuestro país, como en el resto de firmantes, la declaración tiene
rando de ley superior y es de obligado cumplimiento.
Para
saber más
Si
quieren saber más sobre esta temática, pueden leer el artículo
recientemente publicado del profesor Xavi en la Revista
Erasmus
en un monográfico dedicado a la Bioética.