viernes, 30 de mayo de 2025

Inicios del pensamiento occidental - Pensamiento mítico

 


Haciendo un repaso a lo recorrido, nos hemos preguntado por lo que es pensar, por algunas particularidades del uso de la razón, por diferentes estrategias ante el conocimiento y las noticias falsas y, también, por modos tramposos usados en discusiones (falacias).

Lo que les proponemos en las próximas semanas antes de adentrarnos en ámbitos más concretos de la Filosofía – Antropología o Ética – es un breve repaso por la historia de la misma. No se trata de que memoricen nombres. La idea es que puedan pensar con personas que en otros momentos y ante circunstancias diversas se hicieron preguntas e intentaron darles respuestas.

Comenzaremos, en primer lugar, intentando comprender el modo de pensar de las personas que vivían en sociedades ágrafas. ¿Qué significa ágrafa? significa que no usaban la escritura y, por tanto tampoco necesitaban leer. ¿Significa que si no sabían leer ni escribir no razonaban, no pensaban? No. Se puede pensar sin la necesidad de dejar constancia mediante signos (escritura) ni interpretar signos a modo de pensamientos (lectura).

Durante miles, miles y miles de años las culturas humanas han pasado la información necesaria para vivir en su entorno de generación en generación. Cada generación se encargaba de pasar la información a la siguiente de un modo oral. De esta información – imprescindible para cada pequeña comunidad - podemos señalar, por ejemplo, toda aquella que hacía referencia al saber práctico: encender y mantener un fuego, reconocer hierbas comestibles y venenosas, tiempos de cultivo y cosecha, etc. Dentro de estos saberes también se incluían las prácticas curativas, por ejemplo.

¿Este tipo de aprendizajes ya no existe? sí, sigue existiendo. La oralidad y el aprender junto al que sabe son prácticas que aún usamos hoy, por ejemplo, si somos aprendices en un taller mecánico. Probablemente muchos de sus abuelos y abuelas les podrán explicar como aprendieron algunas de las artes que ellos conocen: tejer a croché, arreglar una pared, hacer un buen asado.

Ahora bien, como vimos en la razón instrumental, es diferente saber cómo hacer algo que conocer el qué o el por qué. Por ejemplo, podemos aprender a encender un fuego sin tener ningún conocimiento de física de partículas o termodinámica. ¿Qué es el fuego? Es una pregunta muy diferente a la de ¿como prendo un fuego? Saber teórico y saber práctico son modos de conocimiento diferente.

Entonces, retomando el modo de actuar de las culturas ágrafas, claramente podían pasar los conocimientos prácticos oralmente o por imitación de generación en generación. Pero ¿cómo daban respuestas a los interrogantes teóricos? ¿Cómo explicaban los movimientos del sol? ¿Por qué aparecía el rayo y después el trueno? ¿cómo es que una persona nacía? ¿Por que las personas mayores morían? ¿A dónde iban los muertos? ¿Y qué era la enfermedad?

La lista de preguntas podría ser interminable y muchas siguen bien vigentes en nuestro presente. ¿Cómo encararon estas preguntas? En las culturas de este tipo aparecen un tipo de respuesta que se conoce como pensamiento míticoEl mito es una narración oral que pasa de generación en generación que trata de dar una respuesta coherente a los interrogantes de índole teórica. Pero atención, no solo en las culturas ágrafas sino que en nuestras culturas contemporáneas también hacemos uso del pensamiento mítico. Pensemos, por ejemplo, en Papá Noel, el señor de la bolsa u otros más polémicos que podríamos plantear.


Características del mito

El mito es, como decíamos, una narración oral que pasa de generación en generación. Tiene que ser, en primer lugar, del orden de lo verosímil. Esto significa que debemos poder imaginar los personajes, la atmósfera y la situación y hacerlo posible aunque no sea real. Un mito no se evalúa en función de la verdad o falsedad tal como la conocemos en, por ejemplo, la ciencia o en las noticias falsas.

En segundo lugar el mito debe dar una respuesta completa y sostenible a una pregunta teórica. Por ejemplo, las preguntas sobre el origen de una cultura dan, como respuesta, un mito recurrente, el del origen o mito de los inicios.Una respuesta global y total que justifica el presente a través de un origen.

En tercer lugar debe poder ser contado como una narración que permita la memorización y, de este modo, ser independiente de cualquier tipo de registro escrito. 

Por último, un mito tiene una función dentro de la cultura. Por ejemplo, el mito del señor de la bolsa tiene como función evitar que los niños pequeños se alejen de los padres en la noche. El miedo a un peligro imaginario evita que corran un peligro real.


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